Ultimas imágenes de Curiosity

Inspeccionado las ruedas después de una dura travesía.
La "cabeza" de Curiosity parece esquivar la indiscreta mirada de la cámara MAHLI, situada en su brazo robótico. Sol 1338

viernes, mayo 27, 2016

En el calor de la glaciación

Marte emergió de una edad de hielo apenas 400.000 años.

Tiene brillantes casquetes polares de hielo que son fácilmente visibles desde los telescopios en la Tierra. No sería arriesgado decir que la idea de un mundo habitable y habitado que durante décadas dominó la visión que teníamos de este mundo nació precisamente por ello, ya que su parecido a lo que vemos en nuestro planeta era evidente. Parecido en algunas cosas, muy diferente en otras. Así, los polos marcianos están cubiertos de una capa de hielo de dióxido de carbono (hielo seco), que se extiende y retrocede a lo largo del año marciano. La del Norte desaparece por completo al llegar al Verano, dejando al descubierto el casquete formado por hielo de agua, mucho más estable. La del Sur sobrevive incluso a los momentos más cálidos del año, un recordatorio que, bajo el prisma humano, el concepto "cálido" en el planeta rojo es relativo.

Así es hoy día, pero como la Tierra, Marte también tiene sus propios ciclos climáticos, al igual que en nuestro planeta, provocados por variaciones en su inclinación y la forma de su órbita a lo largo de cientos de miles de años. Son los llamados ciclos de Milankovitch. Los innumerables estratos, de hielo y polvo, que componen las capas polares son un registro espectacular de todo ello, un libro del pasado que sondas como la Mars Reconnaissance Orbiter, con su superior capacidad óptica, son capaces de leer. ¿Y que nos enseña sus gélidas páginas? Pues que Marte salió de su propia edad de hielo, de una era glaciar, hace relativamente poco tiempo, quizás no más de 400.000 años.

Sin embargo hemos de recordar que Marte no es solo una copia en pequeño y más fría de la Tierra. Ciertamente ambos tiene cosas en común. Pero también es un mundo con sus propias reglas, algunas de las cuales nos pueden resultar extrañas. Ese es el caso de sus edades de hielo.

En nuestro planeta estas toman impulso cuando las regiones polares y las latitudes altas se vuelven más frías que la media durante miles de años, haciendo que los glaciares se expandan, en un proceso de retroalimentación que puede llevaros hasta latitudes muy bajas. Por el contrario, en Marte el proceso es el opuesto: Los polos no se enfrían, en realidad se calientan más que las latitudes más bajas, sobretodo por un aumento de la inclinación de su eje de rotación. Durante estos períodos, los casquetes polares se desvanecen y el vapor de agua migra hacia el ecuador. Pero como Marte es un mundo gélido, con temperaturas habitualmente por debajo de su punto de congelación incluso en esos momentos, este precipita en forma de hielo, formando glaciares en las latitudes medias. A medida que finaliza el período de calentamiento polar, estos crecen de nuevo, acumulando hielo de nuevo al mismo ritmo al que desaparece en el que había migrado hacia las zonas ecuatoriales.

Puede parecer realmente curioso, el mundo al revés, pero eso es precisamente lo que los estratos polares nos indican, una retirada seguido de un nuevo crecimiento, tal como revelando los datos enviados por el Shallow Subsurface Radar (SHARAD) de la MRO, y que permite adentrarnos en el subsuelo de los polos, en este caso el Septentrional. Los investigadores identificaron un límite, que abarca todo el casquete polar, por encima del cual (es decir, correspondientes a las época más recientes) las capas se acumulan muy rápidamente y de manera uniforme, en comparación con las capas inferiores. "Las capas situadas 100 metros por encima del límite muestran claros signos de erosión, seguido de un período de rápida acumulación que todavía está ocurriendo hoy en día", explica el científico planetario Isaac Smith, autor principal del estudio.

Todo esto refuerza la idea de que el planeta emergió recientemente de una glaciación, con el hielo comenzando su retirada hace unos 370.000 años. Desde entonces, los científicos estiman que alrededor de 87.000 kilómetros cúbicos de hielo de agua se han acumulado en los polos, lo suficiente para cubrir el planeta con una capa de 60 centímetros.Y el proceso continúa. El gélido Marte se sigue despertando aún de una cálida glaciación.

Imagen por radar del polo norte de Marte. Las formaciones de hielo por debajo de la línea azul muestran la migración en espiral hacia la izquierda. Por encima de la línea azul, estas características desaparecen o cambian de sentido, una indicación de los cambios en la tasa de acumulación y los patrones de vientos asociados con el cambio climático. En otras regiones del casquete polar, la línea azul está asociada a un erosión generalizada - un evento que se corresponde con una edad de hielo.

El eje de rotación de Marte, como el de la Tierra, también experimenta cambios, aunque en este caso, sin una Luna que los amortigüe, son mucho más extremos. En los momentos de máxima inclinación los polos pueden llegar a temperaturas más cálidas que las latitudes bajas, lo que desencadena, paradójicamente, amplias glaciaciones.

Los ciclos de Milankovitch terrestres.

NASA Radar Finds Ice Age Record in Mars' Polar Cap

jueves, mayo 26, 2016

Esos maravillosos trozos de chatarra

OSIRIS-Rex afronta su recta final para el lanzamiento de Septiembre.

Quizás para quién no este familiarizado con la temática de la exploración espacial, o simplemente no tenga un gran interés en ella (o ninguno en absoluto) estos momentos carecen de un gran significado. Al fin y al cabo cada año se realizan más de 80 lanzamientos a escala global, buena parte de ellos satélites de todo tipo, aunque en algunos ocasiones unos pocos viajarán mucho más lejos, en muchos casos para no regresar jamás. En una época donde este tipo de eventos se suceden con cierta periodicidad un "trozo de chatarra" más en el espacio no tiene mayor importancia, dirán algunos. ¿Por que emocionarse entonces?

Ciertamente el amor por las estrellas, por los planetas, por la exploración interplanetaria, por el conocer otros mundos no es algo sencillo de explicar, alejado como parece de las preocupaciones más mundanas que nos rodean. Por el deseo de aprender, por la fuerza con el que el fuego que del eterno sueño humano de alcanzar nuevos horizontes arde en algunos de nosotros, para olvidarse durante un tiempo de los problemas que nos agobian...por todo ello al mismo tiempo, por ninguna de esas cosas en particular. Se podrían dar explicaciones más materiales, hablar de la necesidad de la Humanidad de expandirse, de preparar el camino para el futuro, para comprender nuestro pasado, de buscar indicios de que no estamos solos. Razones todas ellas ciertas, pero no dejan de ser explicaciones a posteriori. La pasión no entiende de razones, aunque esta sea en ocasiones la manifestación defintiva de esta última.

Adoramos la exploración espacial porque nos apasiona. Tan simple y tan complejo como eso. Una pasión con un gran trasfondo, pero pasión al fin y al cabo. Y para aquellos "atrapados" en esta maravillosa red, el simple hecho de ver por primera vez a un nuevo explorador, sabiendo que un día tocará un nuevo mundo, no puede generar más que una extraordinaria emoción. Ya que a través de ellos nuestros sueños se hacen realidad.

¿De donde sale esa pasión por estos "trozos de chatarra"? Sinceramente es dificil explicar, porque explicar los sentimientos es una misión aún más compleja que explorar otro planeta. Solo se que OSIRIS-Rex, como me ocurre con cualquier otra sonda cuando se presenta en sociedad, me parece hermosa. Un "trozo de chatarra" maravillosa y fascinante. Si no lo entiendes no te preocupes, yo tampoco lo entiendo del todo. Y soy feliz de que así sea.

La OSIRIS-REX llegando a las instalaciones de la NASA en Florida después de un largo vuelo desde las instalaciones de . Ahora iniciará una ronde final de pruebas antes de afrontar el momento clave, el lanzamiento.

La misión OSIRIS-REx.

Próximo destino, Bennu.

OSIRIS-REx shipped to Florida for September launch

miércoles, mayo 25, 2016

Escapando de la paradoja

¿Fueron las mucho más intensas y frecuentes tormentas desatadas por un Sol joven claves para el surgimiento de la vida?

Las estrellas tiene su propio ciclo vital, desde su nacimiento hasta las diversas forman a las que llegan al final de su largo camino. Y a lo largo del proceso su resplandor no deja de aumentar. Cuanto más antiguas mayor es su brillo, cuanto más jóvenes mas tenues son. Esa es una de las ideas básicas que debemos tener en cuenta, y el Sol, como estrella que es, no queda fuera de esta evolución, cuya huella podemos seguir en los estratos geológicos de nuestro planeta. El Sol actual es más brillante que el Sol joven, y menos de lo que será en unos cientos de millones de años. De hecho la capacidad de la Tierra de mantener un ambiente adecuado para la vida se vendrá abajo en ese lapso de tiempo a causa de ello, mucho antes de que nuestra estrella llegue a la fase de Gigante Roja. Si es que no hay un factor tecnológico que interviene y cambia un destino por ahora ineludible, claro está.

Pero eso es ya otra historia. Giremos la mirada del futuro al pasado, a uno muy lejano, con un Sol acabado de nacer y una Tierra igualmente joven, y a uno de los problemas a los que nos enfrentamos a la hora de imaginar como fueron esas primeras etapas, la niñez y adolescencia de nuestro mundo. No más de 700 millones de años de existencia, donde sabemos, a través de diversas evidencias geológicas, que el clima ya era lo suficientemente cálido como para mantener agua líquida en la superficie. El camino hacia la vida parece que se abrió muy pronto en este nuestro pequeño planeta azul. 

Pero eso nos enfrenta a un problema de dificil solución: Un Sol que apenas brillaba con un 70% de su intensidad actual no podría haber calentado nunca la Tierra lo suficiente. Nuestro mundo debería haberse convertido en una bola helada, fría y hostil. Pero no lo hizo. La pregunta es como. Es lo que se conoce como la paradoja del Sol joven y débil

Dicha paradoja ha sido tema de intensos debates desde hace décadas,y se han propuesto diferentes soluciones para darle respuesta, todas ellas apuntando hacia una dirección parecida, la de una atmósfera joven con enormes de gases de efecto invernadero en aquella atmósfera joven. Sin embargo, esto no encaja con lo que hemos observado en el registro geológico. Por ejemplo, la cantidad de dióxido de carbono necesario para aumentar la temperatura en superficie es superior a la que todo indica que hubo en aquella época, al menos por lo que podemos conocer al adentrarnos en los estratos de esa era. Nos encontramos ante un muro.

O quizás no. Un nuevo estudio amplia la idea de una atmósfera con más capacidad de retener el (escaso) calor de un joven Sol, incluyendo a este en la ecuación. Sabemos que era menos brillante, pero el estudio de estrellas de tipo solar en sus primeros estados de vida revelan que son, además de más tenues, mucho más violentas y activas que la nuestra. ¿Quizás nuestro Sol, como ocurre en ocasiones con niños y adolescentes, también fue un joven "problemático", activo, violento e incansable? De ser así, y no hay motivos para pensar que nuestra estrella sea especial en esto, habría emitido llamaradas solares, o eyecciones de masa coronal, violentas y muy frecuentes, creando un flujo desatado de partículas cargadas que habrían atravesado nuestro campo magnético (también más débil que en la actualidad)y afectado a la química atmosférica. Y los investigadores han calculado que en ese tiempo debía producir al menos una eyección de masa coronal al día la Tierra.

Y esa podrá ser la clave. La atmósfera de la Tierra primitiva era también diferente de lo que es ahora: El Nitrógeno molecular (es decir, dos átomos de nitrógeno unidos entre sí en una molécula) componía el 90 por ciento de ella, en comparación con  el 78 por ciento en la actualidad. A medida que las partículas energéticas desatadas por el violento Sol se abrían paso hasta la atmósfera, chocaban con las moléculas de nitrógeno, dividiéndolas en átomos de nitrógeno individuales, muy reactivos. Y uno de los compuestos que se formarían a partir de la reacción de dicho Nitrógeno con otros elementos, como el Oxigeno, es el Oxido Nitroso, cuya capacidad de atrapar el calor es 300 veces superior al famoso Co2, tan de actualidad hoy día. Tan potente que solo con una cantidad relativamente pequeña, solo 1% de lo que necesitaría en Co2, seria suficiente para dotar a nuestro joven mundo del calor necesario. Y al mismo tiempo otros elementos, como el ácido cianhídrico, una molécula precursora clave para la formación de aminoácidos. Un Sol joven y violento podría haber cubierto dos requisitos básicos para la vida.

Evidentemente todo es su justa medida. Disponer de energía es de gran importancia para un planeta, pero en exceso también sería un problema (una cadena constante de las erupciones solares podría llevarse por delante la atmósfera si la magnetosfera es demasiado débil), por lo que conocer el nivel concreto donde se equilibran ambos factores ayudaría a los científicos a determinar qué tipo de estrellas y qué tipo de planetas podría ser hospitalario para la vida. "Queremos reunir toda esta información, qué tan cerca está un planeta a la estrella, hasta que punto es enérgica la estrella y qué tan fuerte es la magnetosfera es con el fin de ayudar en la búsqueda de planetas habitables alrededor de estrellas cercanas a la nuestra y en toda la galaxia" explica William Danchi, investigador principal del proyecto en el Centro Goddard. "Este trabajo incluye científicos de muchos campos - los que estudian el sol, las estrellas, los planetas, la química y la biología, trabajando juntos podemos crear una descripción robusta de como pudieron ser los primeros días de nuestro planeta. Y donde la vida podría existir en otros lugares".

¿Puede ser esta la puerta de salida de una paradoja que desde tanto tiempo nos está desafiando? Ciertamente es coherente con lo que conocemos, y convierte una de las facetas del joven Sol más problemática, su violenta actividad, ya no en su problema sino en la llave misma de la vida.
 
Una posible visión de la Tierra en sus primeros "días", bajo la luz de un Sol mucho más tenue que el actual, aunque también mucho más imprevisible y violento.
 
El Sol nos sigue mostrando una faceta activa, siendo capaz de desatar tremendas tormentas a lo largo de todo el Sistema Solar. Pero posiblemente queda ya lejos de como fue en su juventud. Ahora es una relativamente tranquila estrella en la mitad de su vida.

La paradoja del Sol joven y débil.

NASA: Solar Storms May Have Been Key to Life on Earth 

Resolviendo la paradoja del Sol joven y débil

martes, mayo 24, 2016

Desde ambos lados de la búsqueda

¿Cuantos civilizaciones, con la misma tecnología que la nuestra, serían capaces de detectarnos?

Vivimos inmersos en una búsqueda transcendental, aquella que debe llevarnos hasta el esperado anuncio del descubrimiento de otras "Tierra", o diciéndolo de otro modo, de planetas semejantes al nuestro en tamaño y condiciones ambientales. Es la última etapa antes de la detección misma de actividad biológica, y aunque hemos descubiertos miles de nuevos mundos, muchos de ellos rocosos, algunos en sus respectivas zonas habitables. Estamos cerca, muy cerca, pero el gran descubrimiento se resiste. Por ahora.

Y en ocasiones la mejor manera de abordar una búsqueda es cambiar por completo la perspectiva, no preguntarse como podemos encontrar lo que buscamos, sino como aquello que buscamos puede encontrarnos a nosotros. Es un ejercicio más interesante de lo que parece, ya que nos ofrece una visión más amplia, desde ambos lados "del escenario", en lugar de estar limitados a una sola visión de las cosas. Altamente recomendable, tanto en asuntos terrenales como celeste. Y es esto mismo lo que hizo recientemente el Instituto Max Planck, partiendo de una sencilla pregunta: ¿Cuantos mundos habitados, situados en otras estrellas, podrían detectar la Tierra si tuvieran los mismos instrumentos ópticos que tenemos nosotros?

Los resultados preliminares muestran que en un radio de 1 kiloparsec (equivalente a 3.500 años luz) existen 82 estrellas desde los cuales un planeta habitado, con un telescopio de las mismas capacidades que Kepler, podrían detectar el tránsito de la Tierra por delante del Sol, y de los datos extraídos calcular el tamaño y distancia a su estrella, estimando correctamente que se encuentra dentro de la zona habitable de su sistema planetario. Y todas ellas parecidas o algo más frías que la nuestra.

La estimación se basa en estrellas conocidas, pero dentro de la estrecha franja donde sería posible detectarnos los autores de este estudio calculan que podrían existir muchas más, unas 300.000, además de unos 30.000 mundos rocosos potencialmente habitables.

Este resultado, este cambio de perspectiva, nos recuerda dos cosas importantes. Por un lado que posiblemente estamos cerca, muy cerca de lograrlo, de encontrar otras Tierra. Y por otro que si realmente hay alguien ahí fuera con un mínimo interés en saber, como nosotros, si están solo en el Universo, ya sabrán de nuestra existencia. La discusión que en ocasiones sale a la luz sobre si debemos o no hacer saber nuestra presencia al resto de la galaxia es, vistas las circunstancias, estéril.

Las estrellas desde las cuales se podría detectar nuestro planeta con un telescopio como el Hubble.

Kepler utiliza la técnica del tránsito, es decir, capta la ligera disminución de la luz de una estrella cuando un planeta pasa entre ella la Tierra. Eso solo ocurre cuando el plano orbital de este último se encuentra orientado hacia nosotros. Y al contrario, solo desde estrellas situadas en una estrecha franja podrían detectar a nuestro planeta pasando por delante del Sol. Incluso con estas limitaciones, solo en 3500 años-luz de distancia ya existen 82 sistemas que cumplen este requisito.

To find ET, look at who’s (maybe) looking at us

ET search: Look for the aliens looking for Earth

lunes, mayo 23, 2016

Akatsuki on fire

La sonda japonesa a plena actividad científica.

Fue el gran logro de una misión que parecía condenada bajo el prisma del realismo, pero que al final, después de 5 años de viaje extra, impulsada por el el esfuerzo incasable y sin desfallecer  de los técnicos de la JAXA (Agencia Espacial Japonesa) se hizo realidad. Akatsuki entró en órbita venusiana el 7 de Diciembre de 2015. Después de una corrección de órbita 13 días después de se colocaba con éxito en la órbita prevista el su rediseñada misión científica, nacida de las cenizas de la original. El 31 de Marzo, 2016 ya había alcanzado los objetivos científicos mínimos para considerarla un éxito, y ahora está ya avanzado rápidamente hacia la consecución de los objetivos que se habían marcado antes de su lanzamiento. La órbita actual es muy alargada, lo que la mayoría de las imágenes son de menor resolución de lo previsto, pero esto se compensa en parte por el hecho de que al alejarse más del planeta podrá realizar tomas más prolongadas. Haciendo de la debilidad virtud, como dice el refrán.

¿Pero cuales son, exactamente, los objetivos científicos de Akatsuki? Principalmente la dinámica atmosférica del planeta, y con especial interés uno de sus características más sorprendentes y enigmáticas, la conocida como super-rotación de su atmósfera (Venus gira muy lentamente, una vez cada 243 días terrestres, y de Oeste a Este, al contrario que nuestro planeta, pero las capas altas de su atmósfera se mueve alrededor del planeta una vez cada cuatro días), para lo cual  lleva 5 instrumentos científicos para estudiarlo, desvelando el planeta en diferentes partes del espectro electromagnético, cada una de ellas capaz de penetrar a diferentes profundidades de su gruesa y nublada atmósfera. Esto le permitirá estudiarla a todos los niveles, como si hiciera un corte vertical en ella.

Mínimos cumplidos, pero para considerar que esta misión completó todos sus objetivos primarios, necesitará alcanzar una serie de logros:

- Tomar imágenes usando las cámaras IR1, IR2 (que captan la radiación infrarrojo en 1 y 2 μm), UVI (ultravioleta) y LIR (también infrarrojo, en este caso de 10 μm) cada pocas horas durante los próximos dos años. Con eso se tendrá información suficiente para generar un modelo 3D de la dinámica atmosférica pese a que las observaciones tienen ahora una resolución 5 veces más pobre de lo previsto inicialmente, ya que la órbita actual lo aleja mucho más de Venus.

- Buscar descargas eléctricas utilizando su cámara ALC, aunque solo podrá dedicar a ello el 10% del tiempo inicialmente previsto debido a la órbita alcanzada

- Estudiar la estructura térmica de la atmósfera usando señales de radio con el instrumento USO (Oscilador Ultra estable) .Al igual que en el caso de ALC tendrá mucho menos tiempo de lo que sería idóneo, pero teniendo en cuenta la circunstancias poco más se le puede pedir.

Por ahora casi todos los instrumentos están ya activos. Después de la inserción orbital, las cámaras IR1, LIR y UVI fueron puestas a trabajar inmediatamente. La cámara IR2 lo hizo el 11 de Diciembre, mientras que el 1 de Febrero le llegó el turno a USO. Se espera que ALC entre en acción en Junio, cuando pueda observar el hemisferio nocturno con mayor facilidad.

Akatsuki tiene el potencial, como la mayoría de sondas interplanetarias, para llevar a cabo ciencia extra más allá de sus objetivos principales, incluyendo la búsqueda de la actividad volcánica con la cámara IR1 y observando luz zodiacal con IR2. Y si puede sobrevivir más allá de su misión inicial de 2 años (lo que parece por ahora muy probable, dado que se encuentra en perfecto estado pese a los 5 años de retraso en su llegada) más oportunidades tendrá que observar los cambios a largo plazo en el comportamiento atmosférico, al igual que hizo Venus Express. Esto apenas está empezando. Tendremos que estar atentos a las noticias que vayan llegando, pues bien seguro que Akatsuki dará que hablar los próximos meses.

Las diferentes fases de observación científica según la posición orbital de la sonda.

Cada instrumento de Akatuski observa la atmósfera de Venus en una frecuencia del espectro, lo que le permite acceder a diferentes alturas, y generar así una visión global de su estructura y dinámica.

La primera observación mediante señales de radio realizada por USO, el 3 de Marzo de 2016. A la derecha los resultados, que muestra sus variaciones térmicas.

Akatsuki capturó esta vista lejana de Venus el 25 de Marzo de 2016. Se compone de dos imágenes tomadas en longitudes de onda infrarrojas, 1.735μm (canal rojo) y 2.26μm (canal azul), que son sensibles a partículas de diferentes tamaños presentes en las nubes de del planeta. El verde se sintetizó a partir de una combinación de los dos. El brillo de color naranja marca la zona del crepúsculo, fruto de la densa y opaca atmósfera.

Akatsuki tomó esta foto con su cámara de IR1 del lado nocturno de Venus desde una altitud de 44.000 kilómetros, el 21 de Diciembre de 2016. En esta longitud de onda, la superficie del suelo es visible, brillando intensamente en el infrarrojo. La mancha en la parte inferior es la región de Aphrodite Terra. Parece oscura porque su elevación es de 4 kilómetros por encima de las áreas circundantes, por lo que es 30 grados Kelvin más fría.

Otras dos imágenes de IR1, en este caso tomadas el 31 de Enero de 2016. El lado diurno es tan brillante que satura la cámara.

Venus a través de la cámara UVI.

Venus a través de los diferentes "ojos" de Akatsuki.

Akatsuki begins a productive science mission at Venus

domingo, mayo 22, 2016

Post Vintage (185): El mundo de Alicia

La Lunar Reconnaissance Orbiter revela la existencia de numerosas cavernas en la superficie de nuestro satélite. 

Quién un día de Luna llena mire su familiar rosto, con sus manchas brillantes y oscuras, puede, si le pone algo de imaginación, empezar a apreciar lo que parece una curiosa figura que recuerda a un conejo. No es más que un truco de nuestra mente, claro está, que siempre busca relacionar cualquier forma indeterminada con elementos familiares que conozcamos previamente, algo que por ejemplo ocurre cuando creemos ver formas concretas en las nubes o extrañas figuras en un lugar sumido en las sombras, y que en el caso que nos ocupa generó numerosas leyendas.

Y es que desde los antiguos Mayas hasta los actuales Indios, Chinos y Japones (cualquiera que este interesando en el mundo del cómic y la animación japonesa habrá visto en algún momento la imagen del conejo haciendo Mochi en la Luna, toda una tradición en el país del Sol Naciente), todos imaginaron misma figura, creando historias y leyendas para explicar esa curiosa forma que creían adivinar en el rostro lunar. 

La exploración de la Luna, claro está, no encontró conejos, pero si sus madrigueras. Dicho de forma simbólica, clara esta: Enormes aberturas, de decenas o centenares de metros de profundidad, están siendo descubiertas por la Lunar Reconnaisance Orbiter, recogiendo el testigo de la desaparecida sonda japonesa Kaguya, que fue la primera en encontrar alguna de ellas. Simples agujeros en el terreno o la entrada a una red de cuevas que se extiende por debajo de la polvorienta superficie lunar?

La idea de que pueden existir una red de túneles, reliquias de ríos de lava subterráneo que recorrieron nuestro satélite durante su juventud, hace varios miles de millones de años, ya se planteaba desde los años 60, incluso antes de los viajes de los Apolo, apoyada en la existencia de una amplia red de sinuosos canales en la superficie que fueron interpretados como la señal visible de dichos flujos magmáticos Una teoría ahora aparentemente confirmada por los últimos descubrimientos, que señalan que dichas aberturas pueden ser partes de estos túneles cuyo techo se vino abajo.

"Es emocionante que ahora hayamos confirmado esta idea. Las fotos de Kaguya y LRO demuestran que estas cavernas son claraboyas a tubos de lava, por lo que sabemos que esos túneles pueden permanecer intactos por lo menos en pequeños segmentos después de varios miles de millones de años", explica Robinson, Mark Robinson de la Universidad Estatal de Arizona. Y es que si bien la mayor parte pueden haberse colapsado tras cesar el flujo de magma o simplemente quedar completamente llenos de lava solidificada, quizás algunas secciones han podido sobrevivir hasta nuestros días, lo que implicaría que estas aberturas ahora fotografiadas son la entrada a un mundo subterráneo aún por descubrir.

Lugares así no solo resultarían extremadamente valiosos para la exploración geología de nuestro satélite sino también como posibles lugares donde una expedición lunar podría encontrar un refugio más adecuado que la expuesta superficie, protegidos de la radiación reinante y con temperaturas que, por lo que se cree, se mantienen constantes a partir de los dos metros de profundidad, entre -30 y -40Cº, que puede parecer un ambiente duro, pero que comparado con las condiciones externas (En el ecuador las temperaturas van desde los +100 a los -150Cº) resultarían un refugio realmente acogedor.

La Luna, como ocurre con otros mundos aparentemente "aburridos" como es el caso de Mercurio, se esta revelando como un lugar ciertamente interesante, demostrándose cuanto más avanza nuestro conocimiento sobre ella que lejos de ser una roca inerte y sin nada más que rocas y polvo, la compañera de la Tierra merece nuestra atención. Las grandes aberturas ahora fotografías nos enseñan que las sorpresas que nos reserva Selene no se limitan a su rostro (como es la gran cantidad de hielo de agua congelado localizado en los polos) sino que por debajo de el.Y aunque no habrá ningún conejo blanco que nos lleve a su interior, como le ocurría a Alicia, quién sabe si cuando entremos en ella nos encontraremos, científicamente hablando, un "país de las maravillas".

La sonda Kaguya fotografió varias de estas "cavernas" lunares. En la fotografía superior vemos la situada en las Marius Hills, zona recorrida por varios de los sinuosos canales que se creen señales de la presencia de antiguos tubos de lava. En la parte inferior la misma estructura vista con diferentes grados de iluminación.

La misma "cueva" que la observada por Kaguya, a través de los ojos de la LRO. Se le estima un diámetro de unos 65 Metros.

Otra abertura en la superficie lunar, situada en Mare Ingenii y mucho más grande que la de Marius Hills, con un diámetro de unos 150 Metros.

Durante el viaje del Apolo 15, el astronauta David Scott llego, con el vehículo lunar o LRV, al borde del Hadley Rille, un sinuoso canal que se cree parte de un antiguo túnel de lava.

Nuestra mente tiende la a buscar formas reconocibles en todo lo que se observa, y la Luna no es una excepción.

Y como la imaginación humana no tiene límites, las formas que podemos ver también, en este caso, siguiendo la tradición nipona, podemos ver un conejo haciendo Mochi (pasta de arroz) junto a su mortero.

No hay conejos en la Luna, pero Alicia podría encontrar muchas madrigueras por donde entrar. 

Down the Lunar Rabbit-hole

sábado, mayo 21, 2016

Cataclismos de agua

¿Encontradas las huellas de antiguos tsunamis marcianos?

Aunque hoy día es básicamente un desierto helado, al menos en superficie, todo indica que Marte tuvo tiempos mejores, épocas más acogedoras y con una atmósfera más densa capaz de mantener largo tiempos masas de agua líquida. No hay que imaginarnos días cálidas en el sentido más literal de la palabra, sino quizás algo más parecido a la Antártida actual en sus meses de Verano. Es decir, capaz de tener agua liquida, de sustentar vida, pero sin dejar de ser un lugar gélido. Puede parecer que no era panorama muy alentador, pero seguía siendo mucho más acogedor que en la actualidad.

Uno de los protagonistas de esa era perdida era el llamado Oceanus Borealis, un inmenso mar que cubría la que actualmente se conoce como Vastitas Borealis. Al menos así se supone, porque sigue en discusión muchos aspectos de su existencia, por no decir su existencia misma. La no detección de los enormes depósitos de minerales "acuosos", que por lógica deberían estar presentes en la zona, ni de unas aparentes lineas costeras definidas juegan en su contra, y aunque lo primero se podría explicar por los episodios de vulcanismo masivo que tuvieron lugar posteriormente a su desaparición, lo segundo sigue siendo un muro dificil de superar. O quizás no, según un nuevo estudio internacional basado en imágenes térmicas de las llanuras norteñas de Marte que ofrece una explicación aparentemente bien argumentada así como espectacular: 2 enormes tsunamis, desatados posiblemente por el impacto de grandes asteroides en el océano, habrían destrozado las antiguas líneas costeras, cubriéndolas de capas de sedimentos.

"Nuestro trabajo confirma la presencia de océanos estables y extensos en Marte, al menos hasta hace 3.000 millones de años", subraya  Alberto G. Fairén, coautor del trabajo e investigador en el Centro de Astrobiología (CAB) en Madrid y la Universidad Cornell en Nueva York. "Además confirmamos que los océanos habrían sido muy fríos. Es decir, no hay que imaginar playas como las de Levante en el Marte primitivo, sino un entorno más similar al océano Glacial Ártico".

Según Mario Zarroca y Rogelio Linares, geólogos de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) que también han participado en el trabajo. "Nuestros resultados indican que las olas provocadas por los tsunamis podrían haber alcanzado 120 metros de altura en la línea de costa, penetrando en el continente distancias de hasta 200 y 700 km". La suave topografía de las tierras bajas del norte, así como la baja gravedad marciana, habrían propiciado que las distancias de inundación fueran, en comparación, mucho mayores que las vistas en nuestro planeta.

Básicamente parecen distinguirse dos eventos, separados por un período de algunos millones de años, en pleno proceso de progresiva desaparición de este océano y con un clima cada vez más frío. Su origen parece estar el impacto de varios grandes asteroides, descartándose terremotos de por la magnitud del fenómeno. El 1º arrastró bloques de roca de más de 10 metros de diámetro, dejando a su paso grandes extensiones de depósitos caóticos y canales excavados al retirarse las aguas, mientras que el 2º generó lóbulos ricos en hielo, algunos de 250 km de longitud. Así lo defienden sus descubridores en las conclusiones ahora presentadas. 

Esto último es realmente interesante, ya que dichos lóbulos probablemente se traten de salmueras congeladas de este antiguo océano. Las aguas saladas y frías pueden ofrecer un refugio para la vida en ambientes extremos, ya que las sales disueltas podrían ayudar a mantener el agua líquida. "Por lo tanto, si existió vida en Marte, estos lóbulos helados de cientos de kilómetros de longitud son buenos candidatos para buscar biomarcadores", añade Fairén.

Evidentemente, como es normal en ciencia, podrían existir otras explicaciones a lo observado, algo de lo que son conscientes los autores:"Ofrecemos una nueva pieza que podría ayudar a resolver este rompecabezas: los depósitos generados por los tsunamis pudieron modificar la línea de costa de los océanos primitivos de Marte, contribuyendo a la elevación desigual –dice Fairen–, aunque hay otras posibilidades, como la presencia de inmensos campos glaciares sobre la línea de costa, el flujo de agua desde las tierras altas hacia las bajas o cambios en la estructura térmica de la litosfera". Posiblemente seremos testigos de numerosas discusiones a partir de estos datos y sus conclusiones, pero ciertamente estas parecen bastante coherentes. Y la visión que nos genera sobrecogedora.

El modelo de elevación del área de estudio muestra los dos líneas de costa propuestas para el Oceanus Borealis hace 3.400 millones de años. A la derecha, las áreas cubiertas por los tsunamis.

Imagen de la región noroeste de Arabia Terra tomada por el Mars Reconnaissance Orbiter. En ella se aprecian detalles, como depósitos lobulares y canales, quizás formado por el retroceso posterior de las aguas, que parecen apoyar la idea de los tsunamis.

El 2º tsunami cubrió el terreno de lóbulos ricos en hielo, reflejo de un océano más parecido al Ártico y Antártico que al Mediterráneo.

Penetración de tsunami marciano de 120 metros de altura tierra adentro, teniendo en cuenta lo liso del terreno y el ambiente de menor gravedad,  y recreación de la inundación que causaría en las costas de Barcelona.

Posibles visiones de lo que habría sido el Oceanus Borealis visto desde el espacio. La que muestra un océano cubierto de hielo posiblemente sea la más cercana a la realidad.

Flujos de hielo y material deslizándose sobre un congelado río canadiense, una posible analogía terrestre de lo que pudo ocurrir en Marte según este estudio.

Con sus concesiones al guión, la película Deep Impact presentaba el impacto de un cometa en el océano, generando un enorme tsunami que arrasaba las costas y avanzaba hasta muy tierra adentro. Algo parecido, aunque no igual, podría haber pasado realmente en Marte.

Tsunamis gigantes arrasaron las costas de Marte

viernes, mayo 20, 2016

Blues para un planeta rojo

El Hubble nos ofrece una espectacular imágen de Marte a pocos días de alcanzar este su punto de mínima distancia con la Tierra.

Observar otros planetas del Sistema Solar a través de un telescopio, sea cual sea su capacidad, tiene ciertamente algo de mágico, quizás porque en cierto sentido significa regresar a épocas pasadas, donde, aún sin capacidad de alcanzarlos de forma directa, sabíamos mucho menos, pero por eso mismo existía mucho más espacio para la imaginación, y unas pocas manchas difusas eran suficiente para desatar las más maravillosas fantasías. Y en eso Marte, por su proximidad y por la sensación de eras viendo realmente otro mundo como el nuestro, con sus nubes, sus montañas o sus casquetes polares, siempre fue y con amplia diferencia con respecto a los demás, el más buscado por innumerables generaciones de astrónomos, así como para otros tantos soñadores, que siempre tienen un momento para levantar la mirada al firmamento.

Y eso es algo que sigue teniendo. No importa las sondas y rovers que actualmente están en activo explorándolo, ni las innumerables fotografías desde su órbita y desde la propia superficie que nos han llegado de todos ellos, y que sigue haciéndolo. Ver el planeta rojo desde la Tierra tiene algo imposible de desafiar por sonda alguna. Solo un círculo rojizo lleno de manchas oscuras y blancas, pero lleno de aquella fascinación, de aquella atracción que al final nos impulsó más allá de nuestro planeta.

Por ello las llamadas "oposiciones", el momento en que la Tierra se sitúa exactamente entre Marte y el Sol, y por tanto la distancia con este primero alcanza cotas mínimas, son un momento esperado por todos. Especialmente porque eso significa también ver un planeta rojo completamente iluminado por la luz solar. Una combinación perfecta. Y es eso lo que ocurrirá este próximo 22 de Mayo. No será exactamente el punto de distancia más corta, que llegará pocos días después, el 30 de Mayo, con apenas 75.3 millones de Kilómetros entre ambos planeta, pero si el momento en que la combinación entre ambos factores llega a su apogeo.

Para celebrar esta nueva reunión celeste después de 780 días terrestres (el tiempo que tarda la Tierra en alcanzar al planeta rojo y dejarlo atrás) el Hubble, veterano pero aún con sus capacidades en todo su esplendor, nos regaló el pasado 12 de Mayo una nueva y extraordinaria imagen del planeta rojo. Con una resolución de entre 40 y 50 Kilómetros, está lejos de las impresionantes fotografías de la Mars Reconnaissance Orbiter, por ejemplo, pero si tenemos en cuenta la distancia a la que está tomada posiblemente la valoraremos mucho más. Podemos ver estructuras geológicas, casquetes polares y diferentes formaciones nubosas, tal como lo vieron, aunque con mucho mayor detalle. En su momento nos hicieron soñar, ya que eran cosas tan "terrestres" que era difícil no hacerlo. Hoy sabemos mucho más y podemos verlo todo con una mayor perspectiva, pero no deja de ser por ello menos fascinante.

Lo era hace varios siglos, lo es actualmente, lo seguirá siendo en el futuro. Por eso lo exploramos, y por eso algún día, tarde o temprano, lo pisaremos.

La zona naranja en el centro de la imagen es Arabia Terra, una vasta región de tierras altas densamente poblada de cráteres y muy erosionada, lo que indica que podría ser una de las zonas más antiguas del planeta. Al sur encontramos Sinus Sabaeus y Sinus Meridiani, regiones cubiertas por antiguos flujos de lava. Las nubes cubren las llanuras volcánicas de Syrtis Major, en el lado derecho de Marte, y las extensas capas de hielo del polo sur, mientras que la del polo norte cubren una zona muy pequeña, porque  actualmente es Verano en el hemisferio norte de Marte.

Las llamadas oposiciones de Marte, cuando este, la Tierra y el Sol se alinea hasta el punto que podríamos unirlos dibujando una linea recta. Como nuestro planeta recorre una órbita más pequeña y se desplaza más rápido termina por atrapar y superar al planeta rojo cada 780 días, que es el periodo entre dos oposiciones. Y como la órbita marciana es bastante más elíptica que la terrestre, la distancia mínima en cada una de ellas nunca es exactamente la misma. En 2003, por ejemplo, se produjo la más cercana de los últimos 60.000 años.

Estas próximas noches tenemos una cita con Marte.

Las observaciones de Marte desde la Tierra nos hace recordar los tiempos anteriores a la exploración espacial. Sin los conocimientos que tenemos ahora y resoluciones de imagen mucho menores, la imaginación volaba.


New Hubble Portrait of Mars